Teatro fallero

Permítanme el requiebro. Este martes, en el Espai Rambleta, se entregan las nominaciones del Concurso de Teatro de Junta Central Fallera y no quería desaprovechar la ocasión para hablar del tema.

Si hay un arte al que se asemejan más las fallas es al teatro. Se dividen en escenas, hay un guión, unos ninots (personajes), unos espectadores que las miran, las remiran y les dan mil vueltas. Las fallas, además, tienen el mismo componente efímero que tiene el teatro: ninguna representación teatral es exactamente igual a la anterior. El público, el lugar de actuación o el estado de ánimo de los que actúan hacen de cada obra un momento único y exclusivo. Igual pasa con las fallas: por mucho refrito que veamos a veces en nuestras calles y plazas, nunca son exactamente iguales.

En el mundo fallero nos pasamos el año encima de un escenario: nombramientos, presentaciones, teatro, play-backs. Nos gusta. Nos da vergüenza algunas veces, sí, pero nos gusta. Y si no estamos arriba estamos abajo como espectadores, pero todas nuestras actividades están íntimamente relacionadas con las artes escénicas más que con ninguna otra.

¿Qué diferencia hay entre un pasacalles o una cabalgata de disfraces y una obra de teatro de calle? En ambas hay un ritual, una colocación de los protagonistas, una música en directo, una historia que explicar, un principio, un desarrollo y un final.

Si las obras de teatro se ensayan, se representan y se acaban; en las fallas plantamos, disfrutamos y quemamos. El acto litúrgico es el mismo. Quizás por eso el concurso de teatro es, después del de fallas, el más importante y de mayor entidad.

Igual que hay artistas falleros punteros o comisiones que todo el mundo conoce por su apuesta decidida por la falla, en nuestro mundo teatral fallero hay un star system creado alrededor del concurso que lo hace más atractivo todavía si cabe. Hay actores, actrices, directores, directoras y comisiones cuyas obras nadie se quiere perder.

Además el teatro que realizan las comisiones de falla ha evolucionado de forma significativa en los últimos años. La afluencia de público, las obras seleccionadas por los participantes y la calidad de las mismas han experimentado un cambio muy importante.

Por eso hay que estimar a nuestro teatro. Porque no son más que el reflejo de la fiesta, de su evolución y de su apuesta decidida por la cultura y por el valenciano. Rompan sus prejuicios y… vayan al teatro. Al Teatro Fallero. Con mayúsculas.