De los golpes que te da la vida… y la china. De mi china vida (21)

Salimos de comer y empezamos a andar. Estuvimos mucho rato callados. Ella no hablaba, yo tampoco. Íbamos paseando lentamente por las calles de Pekín. Yo admirando esa gran ciudad, ella simplemente a mi lado.

– ¿Continúas? – me preguntó ella como si ya supiera que no me apetecía mucho hablar.

– Fue un año agridulce. – dije yo.

– En algún momento de tu historia sabía que te tenias que poner serio. – dijo ella comprensiblemente -. Noto que eres un chico alegre, pero supongo que todo no han sido victorias en tu vida.

– Así es. – dije yo un poco melancólico.

– ¿Quieres contarlo o nos saltamos el año? – me pregunto ella con mucha dulzura.

– No. Ese año también forma parte de mi vida y de lo que soy actualmente.

– Te escucho.

– Pasaron muchas cosas ese año. Firmé mi primer contrato como actor profesional el 27 de marzo de ese año, el día internacional del teatro. A las órdenes de Michael McCallion iba a tener la oportunidad de participar en el montaje de “Prospero’s Star (La estrella de Próspero)”.

– Eso es bueno.

– Imagínate lo que significaba para alguien que acababa de empezar la carrera. Iba a la escuela por la mañana y ensayaba por la tarde. No paraba en casa ni un segundo. Estaba como en una nube. Los ensayos, la magia de ese genio de la interpretación, los profesionalidad de mis compañeros a los que admiraba y continúo admirando. No me creía la suerte que había tenido. Con esa obra estuvimos actuando en Alemania. Recuerdo que fuimos en avión. La primera vez que subía en un avión. Una barbaridad.

– Muy bueno.

– Sí, pero pocos días después de firmar el contrato, mi padre entró en el hospital.

– ¿Se puso malo de repente?

– La verdad es que no. Un año antes lo habían operado de un tumor en el cerebro y parecía que se recuperaba.

– Lo siento.

– No pude acudir al hospital más que un par de días. No pude o no quise. No lo sé. Supongo que no quería verlo. No quería verlo así.

– Lo entiendo.

– Falleció en el hospital justo el día después del estreno. Sé que no es verdad, pero quiero pensar que aguantó hasta después del estreno.

– ¿Estabais muy unidos?

– No te voy a mentir. Yo creo que no nos comprendíamos todavía. Creo que no tuvimos nuestro tiempo, por eso he echado mucho en falta su presencia. Estoy seguro que si ahora viviera sería una de las personas con las que mejor me llevaría. Pero… así es la vida. Se murió cuando empezábamos a entendernos. De la noche a la mañana. De la euforia de un estreno a la tristeza más absoluta. Cuando aún no te ha dado tiempo a nada.

Hice una pequeña pausa.

– Desde entonces odio los hospitales, odio a los médicos, a las médicas, a los enfermeros y a las enfermeras.

– ¿Y eso? – me preguntó ella sorprendida.

– Bueno, en realidad no los odio a ellos. Odio este sistema sanitario que se ha deshumanizado y que ha convertido a los pacientes en números, en minutos, en camas ocupadas, en rentabilidad económica y en euros. Y todo ello ha hecho que el personal sanitario también se vuelva más frío, más calculador y empatice menos con los pacientes.

Seguimos caminando un rato en silencio, cogí aire y le dije:

– Más de una vez he pensado en lo diferente que sería mi vida si…

– Vale, ya tío – me dijo ella con mucha energía.

– ¿Qué pasa? – dije yo sorprendido.

– Que te pasas el día diciendo lo diferente que sería tu vida si no se qué, si no se cuantos.

– ¿Qué no es verdad? – le dije yo.

– Pues claro que no es verdad, y ya cansa. Tu vida es lo que es gracias a lo que ha pasado, no a lo que no ha pasado, ni pasará. En eso consiste la vida. En vivir, pedazo de cansino. Además no existe la posibilidad de volver al pasado, de cambiar las cosas. Da gracias de seguir aquí y aprovecha cada segundo, cada minuto de tu vida.

– Bueno, bueno, bueno… Eres increíblemente insoportable.- le dije

– Va, angustias. Cuando llegues a casa pones en el Facebook un cartelito rollo: esta persona tiene alguien en el cielo con un teléfono esperando que le llame. ¿Lo harás?

– Pues no, imbécil. Si llamo por teléfono y se pone mi padre me puede dar un jamacuco.

– Pues eso.

– Pero eso no quita para que lo eche de menos.

– ¿Alguna cosa más interesante de ese año?

– Pues mira sí, me eché novio. Pero novio, novio. El primero.

– Hombre, ¡por fin vamos a hablar de sexo!

– Ufff, me agotas, de verdad que me agotas.