Han sido tres días de intenso trabajo. Tres días en los que València se ha convertido en capital mundial de la alimentación sostenible. Representantes de todo el mundo reunidos para hablar, intercambiar experiencias, aportar ideas y, sobre todo, soluciones sobre una cuestión que nos concierne a todos: el futuro de nuestro abastecimiento.
Por fin València en el mapa mundial sin despilfarros, sin pomposidad, casi con discreción, pero ahí. Mostrándole al mundo lo que somos. Sin artificios.
El Director General de la FAO, José Graziano da Silva, visitando de día el Mercado Central. El asesor general del alcalde de Medellín, Fernando Correa, acudiendo de madrugada a la “Tira de Contar” y pensando en “exportarla” a su ciudad. O el alcalde de Zaragoza, Pedro Santiesteve, en el Palacio de Congresos, capitaneando la Red de Ciudades por la Agroecología.
Prácticamente todo el Ayuntamiento implicado en el evento porque esa es nuestra política. La que nos gusta. La que mima y cuida a València. Esa es la imagen que queremos proyectar. La que aprovecharemos para vendernos en el exterior con orgullo y pasión.
No la de unos cafres que, detrás de una bandera, se dedican a amenazar a Mónica Oltra y a sus hijos con la intención de crear un clima de terror e inseguridad.
No atenderán a razones, pero me hubiera gustado preguntarles: Vosotros, valientes, ¿invertís en València comprando en los mercados municipales y el pequeño comercio? ¿Consumís productos de proximidad y de temporada? ¿Habláis valenciano? ¿Mantenéis limpia València? ¿Separáis y recicláis para que València tenga menos residuos? ¿Utilizáis el transporte público más que el coche para contaminar menos? ¿Respetáis el descanso de los vecinos por la noche? ¿Os implicáis en los proyectos de participación ciudadanos?
¿No? ¿Entonces cómo decís que defendéis València? ¿Gritando, insultando, pegando? ¡Ah! Agitando una bandera. Entendido. Gracias entonces por nada. Si al menos vuestro discurso fuera acompañado de alguna idea, de alguna propuesta, de alguna neurona. Pero no.
Y no representáis a nadie. Ni siquiera a los que aman la bandera de España. A ellos menos que a nadie. A ellos es a los que más humilláis. Algunos partidos han visto ahí una brecha, un camino, una oportunidad. Algunos renovadores han pasado de marca blanca a marca negra. No soy yo quién para dar consejos, pero lean la fábula de la rana y el escorpión. Ustedes son la rana y ellos… Ellos lo llevan en su naturaleza.