26 de septiembre de 2026

Hace mucho tiempo que pasé mis dedos sobre los personajes de «Rosita, la soltera», dirigí «La casa de Bernada Alba», interpreté «Así que pasen cinco años» o leí «Poeta en Nueva York».
Ayer, después de ver «La bola negra», sentí unas ganas inmensas de volver a casa y abrir de nuevo los tres tomos de su obra completa y que ocupan un lugar destacado en mi biblioteca.
Siempre sentí una conexión especial con Lorca, con su forma de contar, de crear, de sentir. Una vez intenté escribir un poema imitando su estilo y, evidentemente, fracasé.
Ayer salí del cine emocionado, pero también orgulloso.
Por un lado pensé en la suerte que tiene esta generación de ver en pantalla grande una historia donde la homosexualidad se trata con tanta normalidad y belleza.
Por otro me pareció realmente ver a Lorca, a Federico, allí ante mis ojos. A él y a su obra. Toda la película tenía un punto lorquiano. Sentí una envidia muy grande. Hay proyectos en los que a uno le hubiera gustado participar aunque fuera mínimamente. Este es uno de ellos.
También vi esperanza. El cine lleno para ver una historia así. Y no será porque no sabíamos a lo que íbamos. Uno no sale fascista después de verla.
Y de colofón escuchar a “los Javis”. Mel!
Hoy me siento tranquilo mientras escribo esto, aunque sea por un momento. Mañana seguiremos luchando para que la Historia no se repita nunca más.

